31/1/06

INSPIRACION

A escondidas disfruto mi locura
sin querer compartir esa alegría
y gozo con mi única manía
liberando a mi mente de atadura.

Me distancio del tiempo y su premura,
olvido si es de noche o es de día
y siempre me sorprende mi osadía
buscando en mi demencia la cordura.

Me entusiasma, a veces, estar loco
amarrado a mi cuerda sinrazón
escribiendo mis versos poco a poco.

Y me quema la piel del corazón
la llama cegadora de ese foco
que alumbra mi locura y mi razón.


Javier Feijóo

29/1/06

Al otro lao de la raya



D’un jierro largo, con rueas,
qu’en la punta tenía un gancho,
recorgaba una botella de cristá
con el cuello bocabajo,
goteand’un agua clara
por drento d’un cable largo
con un’abuja’l finá
que l’habían clavao’n un brazo.

Acostao’n aquella cama d’hospitá,
sin naide más en el cuarto,
mirando fijo pa’l techo
pué qu’estuviera pensando:
-
“Mardita sean los camellos
que cabalgan alreó de los caballos
potreando las vereas y caminos
de los alegres muchachos,
inorantes del peligro que acarrea
el pateo de sus cascos.”


Delgaíno y paliúcho,
en su cara bien zachaos los surcos de tanto llanto;
desquiciao y vagabundo,
alojándose’n portales d’otros barrios;
alejao de los amigos,
desahuciao po los padres y tamién po los hermanos;
asín, postrao bocarriba,
jecho güesos y pellejo, se moría mu despacio.

Era’l mozo más alegre,
siempre riyendo y cantando;
tenía que ve con to’l mundo,
era juerte y era arto,
y apurando una mijina
se pué icir que jasta guapo.

Un mal día, na más por curioseá,
como cosa de muchachos,
s’ajuntó con las zagalas
y los vecinos del barrio
y por las ganas celosas
de demostrá qu'era macho
prencipió a bebé cerveza
en esos botellones que se jorman tós los sábados,
pa margastá los dineros
que s’ajorran con el suó del trebajo.

Dispués d’argunas semanas
repitiendo aquel jorgorio acostumbrao,
se tiró pa los cubatas
y otros juertes bebistrajos,
arrimándose a otra gente
que jumaban argún porro en ves en cuando.

Y asín, con el cebo de la risa
de las noches de los sábados,
el anzuelo redoblao de la droga
s’acercaba mu afilao pa enganchaglo por el labio.

Y se pasaron los meses;
y endispués de varios años
sin escuchá los amigos
que querían aconsejaglo,
sorteando las mirás recelosas de sus padres,
rejuyendo d’acercase pa onde andaban los hermanos,
entre’l jumo del jachí y la verde mariguana,
y papeles enliaos con porvo blanco,
se dio cuenta qu’el camino de su vida
los camellos y caballos se l’habían potreao.

Las presonas “dadivosas”
qu’andenantes mu “gustosas” le “invitaron”,
ora l’esigían dinero
manque juera por un gramo.
Apresao entre las patas
d’aquel potro desbocao,
el caraite tan alegre d’aquel mozo
daba un tufo de jeó avinagrao.

S’escondía de la gente conocía, pa no vegla,
porque tós adevinaron su calvario;
intentaron socorreglo con cariño
y con genio enrrabietao precuraron ayudaglo;
y aquel mozo que jué amigo,
era hijo y era hermano,
con la juerza codiciosa d’aquel vendo porvoriento,
se les jué d’entre las manos.

Agobiao por la farta de pesetas,
com’un loco, trastornao, rebuscando
los dineros como juera y aonde juera,
cada día que pasaba tenía un sabó más amargo.

Encogío, de cluquillas,
una noche de verano,
baj’un cielo encapotao con la lus de las estrellas,
tiritaba y cavilaba sollozando:
-
“¡En qué mierda estoy metío!
¡Esto tengo que dejaglo!”
.

Pero el brazo de la droga
era de tós el más largo;
y por lejos qu’ajuía
más tensá estaba la cuerda d’aquel arco
que lanzaba su flecha jedïonda
con la punta envenená con porvo blanco.

Se mentía una y mil veces
con el “tengo que dejaglo”,
porque aluego recaía
refugiándose’n su engaño;
y lloraba toas las noches com’un niño
corralao entre las rejas del presiyo del asfalto,
rodeao de camellos,
pateao por los cascos del caballo;
sin agallas, sin juerza, sin coraje,
sin amigos, sin padres, sin hermanos.

Delgaíno y paliúcho,
si naide más en el cuarto,
en sus ojos bien zachaos
los surcos de tanto llanto,
jecho güesos y pellejo
se moría mu despacio.

Y sentaos en sus poltronas mu lujosas,
los mafiosos señoracos
se barajan los millones de pesetas
sin pensá en el porvení de los muchachos,
escondíos en el mundo de los ricos,
aonde naide s’atreve a molestaglos,
arropaos por pringaos politicuchos
y una recua de canallas abogaos,
amasando su fortuna
al tiempo que su droga va matando.


Javier Feijóo(Del mi libro: "De la corteza de la encina")

26/1/06

Llora la margarita deshojada


Divorcio en Primavera
(Alegoría)

Llora la margarita deshojada
y el sauce ¡cómo no... y de qué manera!
igual que la montaña en primavera
y los rayos del sol en la almohada.

Y llora la tormenta desatada
y el pez que a solas nada en la pecera
y el peldaño que cruje en la escalera...
y llora la mujer enamorada.

Y llora la mentira descubierta
y lloran en los dedos los anillos
y llora la mirilla de la puerta

y llora una canción por los pasillos.
Luego llora el amor a tumba abierta
cuando la noche cae tras los visillos.

Javier Feijóo
(24 de mayo de 2005)

La alegoría verso a verso:
Llora España (1), y el pueblo llano (2), y las promesas electorales (3), y la esperanza (4).
Y llora el clima político (5), y el PP (6), y el terrorismo (7), y lloran las víctimas del terrorismo (8).

Y llora el Gobierno-PSOE (9), y llora el Pacto por las Libertades (10), y lloran los observadores extranjeros (11), y llora el himno nacional (12). Luego llora la Paz (13), ante el futuro incierto (14)

.

24/1/06

Siempre habrá campusinos



Manque ya no se jierren las yuntas
y ora sean de rueas las juellas,
siempre habrá campusinos
con su pardo coló d'experencia.

Manque ya no dé güertas la noria
pa qu'el agua atiborre l'alberca,
siempre habrá campusinos
con sus manos abriendo compuertas.

Manque'l filo encorvao del jocino
ya no siegue la espiga triguera,
siempre habrá campusinos
pa la siembra y pa la rastrojera.

Manque agora las vacas s'orvíen
de los deos qu'estrujaban sus tetas,
siempre habrá campusinos
al cuidiao del ganao en la jesa.

Manque'l mundo se güerva elertrino
porque agile p'alantre la cencia,
siempre habrá campusinos
trebajando y jurgando en la tierra.
Javier Feijóo
(Del mi libro: "oCURRencias")
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22/1/06

"Abogo por una Torre de Babel positiva..."


MARK ABLEY, periodista y escritor inglés, presenta en España su último libro «Aquí se habla», tras hacer un viaje por todo el mundo en busca de lenguas agonizantes a punto de desaparecer.

Más información en:
www.aplexextremadura.com

19/1/06

La señá Carmen

Enlace p'ascuchá'l poema:  La señá Carmen

A ti,
¡Jembra de casta valiente!
¡Jembra de raza extremeña!
¡La señá Carmen, mi madre!
Mujé nacia en Olivenza
(la qu'antaño juera villa
de porfías portuguesas)
y emigrante'n Badajó
por los flecos de la guerra.

A ti,
qu'arrebañando'l perolo,
estrujando tu mollera,
destirajando los duros,
gaiteando tu caeza,
has arrempujao p'alantre
con caraite, con ralea,
con el genio y el coraje
de las jembras d'esta tierra,
ajorrando de la ná
p'ajuí de la probeza.

A ti,
las entrañas qu'alumbraron
tres varones y una jembra
con tu mesmo sortilejio;
de ti heredamos la juerza
pa no achantase ante naide
que quiá mojanos la oreja
y llevá mu arta la frente
sabiendo escondé las penas.

A ti,
que siendo mu chiquinino
me llevastes a la escuela
pa estudiá la jografía
y aprendé las cuatro reglas;
y endispués, con los ajorros
de tus juchas de pesetas,
dir a un colegio mu grande
con más números y letras.

A ti,
que gitaneabas precios
pa llená'l guarro de perras
y qu'enjamás me fartara
un bocao en la cartera;
y pa mercame gustosa
una güena bicicleta
pa dir contento y dichoso
más presto y listo a la escuela.

A ti,
¡Pan y condío en la cocina!
Dando güertas a esa cencia
veriguastes el secreto
de los guisos de l'agüela;
con tostás d'ajo y aceite
y sopas con yerbagüena;
con jilimoje y trincaya
y garbanzos y lentejas;
con migas y con torrijas
y con durzainas caseras
has jecho crecé este tallo
de raigambres extremeñas.

A ti,
por habeme acostumbrao
a dir siempre po las güenas,
a no incordi'á los mayores
con custiones endiscretas,
a defendé la familia,
l'amistá y las creencias
dispreciando los juitivos
camelos de la riqueza.

A ti,
que m'has jecho cavilá
que la jonra está en la juella
de los hombres que trebajan
con agallas y concencia;
de los machos que son machos
y respetan a las jembras;
mansos cuando tién que seglo
y fieros entre las fieras;
y tiernos en el regazo
de la mujé que les quiera.

A ti,
que prendiste'n tus adrentos
la llama de la querencia
d'un hombre güeno, mi padre,
y al caló d'esa juguera
brotó con genio y coraje
la rama de mi nacencia.
Pa mí, entre toas las madres,
la más grande'n esta tierra,
la que m'ha entregao su via
sin remilgos ni pereza.

A ti,
jorgorio de l'alegría
cuando me abres la puerta
y con un beso mu grande
me tisnas de primavera.
Lus de sol que se derrite
con la flama de mis venas
y se funde'n la saliva
que va templando mi lengua
pa lambiar tus cicatrices
y asín tenerte mu cerca,
antes qu'el tiempo arresople
en la llama de tu vela.

A ti,
¡MADRE!,
asina, con toa la juerza
de tu hijo chiquinino,
t'escribo yo este poema
p'agradecete'n el alma
la jonra de mi nacencia,
y jacer un homenaje
a las madres extremeñas,
qu'amamantan a sus hijos
como lo jacen las jembras,
arrempujando p'alantre,
ajuyendo e la probeza,
ajorrando y trebajando
con coraje y con concencia.
Javier Feijóo
(Del mi libro: "¡Asina! Sentimientos en Castúo")
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17/1/06

SOY POETA


Si mis dedos esculpieran emociones
y mi alma dibujara un corazón…
¡qué importara mi delirio y mi razón!
¡qué importara donde hallar mis ilusiones!

Si mi pluma es un traspiés de sinrazones
donde el mundo se acapara en desazón…
¡qué decir de tanto afán de rebelión!
¡cómo entrar a describir las excepciones!

Se me antoja que mi alma está dormida
y en suspenso queda abierta mi constancia.
Se me antoja que mi pluma clama herida,

incolora y gris, perdida en la distancia.
Se me antoja… se me antoja que la vida
me sonríe con desidia y relevancia.

Soy poeta… ¡quien lo niegue me lo diga!
Soy poeta... ¡¡¡ hoy lo sé !!!
que alguien me siga...
.Javier Feijóo
.

16/1/06

YO SOY YO


Si me quieres
no me incites a cambiar,
que yo soy yo.
Soy en ti quien reconoce a un accesorio
que completa mi ser y me culmina.
Ese mismo que accesorio soy de ti,
pues te quiero y sé de ti
que tú eres tú,
y accesorio a ti me acoplo
y te completo.
Yo soy yo y tú eres tú,
aunque ambos seamos dos
en uno solo.
Yo no quiero que tú cambies,
te amo a ti.
No me incites a cambiar
que yo soy yo.
Y no cambies, ni por mí,
que tú eres tú,
y te quiero tal que así,
como tú a mí.
Javier Feijóo
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14/1/06

AL AGÜELO EMIGRANTE EXTREMEÑO

Este soneto, con estrambote chamiciano, vié a icir argo asina como si Extremadura quisiera homenajeá a ese agüelo emigrante extremeño, a ese qu’entoavía le canta nanas a los sus nietos con castúas palabras, manque los nietos haigan nacío’n otras tierras, pa qu’enjamás s’orvíen de los sus raigones y d’aonde mamaron la su enjundia:

Extremadura al agüelo emigrante:

Fustigao po la jambre’n jarapales,
embebío de sol, con sus suores,
y con pardos adioses de dolores,
con tu ajogo m’echaste a tus costales.

Aonde juera que jueses d’andurriales,
con cachinos de mí, con mis jeores
de miajón escarbao con desamores,
alevantas mi vos entre pañales.

Y el eco d’esa vos jiere mu jondo
cuando naide escudriña d’aonde mana
acorde que s’ascucha tan reondo

en esa vos d’agüelo, en esa nana
qu’avienta tus pasaos aonde ajondo
castúas sementeras pa’l mañana.

Tú eres jierro y jumo,
y la jacha, y el jigo, y la jiguera;
y el palo qu’enarbola mi bandera.
Javier Feijóo


6/1/06

Una barba mal colocada...


Siempre era mi hermana, varios años mayor que nosotros, quien nos despertaba gritando:
- ¡Levantaos! ¡Corred, corred! Han venido los Reyes Magos.
Y en ese día, aquellos colchones de lana parecían ser de muelles, y que estos, a su vez, reventaran de emoción para que brincásemos de la cama y a la carrera llegásemos a sendos poyetes de las ventanas del salón, donde encontrábamos los juguetes y las chocolatinas que, con tanto cariño, habían colocado la noche anterior, cuando mi hermano y yo, vencidos por la impaciencia, soñábamos.

No recuerdo el año, pero en aquella ocasión una de las ventanas estaba vacía de juguetes y chocolatinas. En su lugar había varios trozos de carbón negro, muy negro (‘casualmente’ iguales a los que mi madre compraba para el brasero) y una nota manuscrita que decía algo así: “Este año no te has portado bien, por eso te hemos traído carbón. Si te portas bien a partir de ahora, el año que viene te traeremos tus juguetes.
Firmado: Melchor, Gaspar y Baltasar”.

Mi hermano, tras leer aquella nota, miró a mi ventana. La tristeza incrustada en sus ojos comenzaba a brillar en forma de lágrimas. Aquella era la cara más triste que había visto en los pocos años de mi vida. Cuando mis ojos empezaban también a humedecerse, la voz de mi hermana gritaba desde la puerta de la cocina: “¡Venid, venid! ¡Mirad lo que hay aquí!”. Sobre el poyete de la ventana de la cocina estaban colocados los juguetes de mi hermano. Iguales a los míos (como siempre), de distinto color (como siempre).

Apenas fue un minuto, pero ese corto espacio de tiempo ha sido uno de los más tristes de mi vida. “¿Cómo podían los Reyes Magos ser tan crueles?”, me pregunté. Gracias a que mi hermana descubrió los juguetes en la cocina, porque de no haber sido así, después de compartir mis juguetes con mi hermano, hubiese escrito la carta más dura y rencorosa que pudieran haber recibido nunca los Reyes Magos en sus cientos o miles de años de historia. Porque mi hermano, tal vez ese año había sido un poco más travieso, pero nunca hasta el punto de merecerse semejante castigo.

Algunos años después, tampoco recuerdo muy bien cuándo ni cómo sucedió, descubrí la verdadera identidad de aquellos monarcas orientales. Quizás fuese una barba mal colocada en el transcurso de una cabalgata, o quizás algún ruido extraño que escuchase estando semidormido a causa de la inquietud y el suspense, o tal vez ambas cosas y alguna más. No lo sé. Lo que sí recuerdo es que todo un mundo de ilusión se me había esfumado de un año para otro. Supe que ya nunca más correría descalzo desde mi cama hasta la ventana del salón con los ojos como platos. Y descubrí que para ser padres, además de ser buenos, responsables y todas esas cosas tan importantes, también había que ser “magos”.
Javier Feijóo
(Del mi libro: "oCURRencias")
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2/1/06

Ese orgullo d'extremeño



Muchas noches,
cuando zumban los ruíos del silencio,
con un libro entre mis manos
yo m’acuesto
y antes e quearme dormío
s’aturrullan en mi caeza argunos cuentos
(unas veces son historias qu’han pasao de verdá
y otras veces son cosas que yo m’invento);
y mis ganas d’escribiglo’n un papé
pa contale a toa la gente lo que siento
y el escándalo que jorman los latíos
crujiendo como brasas en mi pecho
m’arrempujan de la cama
y me jacen enreame con los versos.

Si me s’ocurre una historia,
que pué se’n cuarquier momento,
le doy güertas y más güertas
con pacencia y titubeo,
jaciendo mil tachaúras,
rebuscando’n lo más jondo, mu pa drento,
jasta que’l lapi s’embala y la pinta’n el papé
asín, como yo la veo,
dibujá con sus colores
y adorná con los caprichos del celebro.

Es la sangre que m’araña po las venas,
es argo asín com’un fuego,
mi agmiración a un poeta
y ese orgullo d’extremeño
lo que jace que yo escriba
esta libreta de versos,
asina, con estas letras,
porqu’es como yo la leo.

Y habrá gente qu’al leegla
pué que no llegue a entendeglo
y piense: ¡qué peazo e bruto!,
pero a mí me da lo mesmo;
porqu’a veces me pregunto
echando un vistazo al tiempo:

¿Degde cuándo a los nacíos d’esta tierra
de poetas extremeños,
(mamantaos con la savia de su historia
y la juerza del azul de nuestro cielo,
que sabemos de fatigas y miserias
y habemos sufrío disprecio
de los guapos señoritos sabijondos
d’otros pueblos),
se nus ponen los mofletes coloraos
y amos a sentí argún mieo
d’escupí nuestros poemas
jasta onde quiera’l viento
esparcí con su soplío d’esperanza
lo poquino que sabemos?

¿Degde cuándo los qu’icen que son asina
(manque estén en el destierro
po la farta de trebajo
d’otros tiempos,
pero duermen toas las noches abrazaos
a los sueños extremeños),
s’acojonan cuando escriben como icen
sus más jondos sentimientos?

Y por eso no m’importa si critican
que mis versos sean mu malos o mu güenos,
porque’n ellos van marcaos
a fuego lento
los colores de la tierra
d’esta raza de poetas extremeños.

Javier Feijóo
(Del mi libro: "De la corteza de la encina")
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