23/12/05

Gabriel y Galán... y El embargo



Breve Análisis Subjetivo de
“El Embargo” (J.Mª. Gabriel y Galán),
por Javier Feijóo.-
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EL EMBARGO
Señol jues, pasi usté más alanti
y que entrin tos esos.
No le dé a usté ansia,
no le dé a usté mieo...
Si venís antiayel a afligila
sos tumbo a la puerta. ¡Pero ya s’ha muerto!

Embargal, embargal los avíos
que aquí no hay dinero;
lo he gastao en comías pa ella
y en boticas que no le sirvieron;
y eso que me quea,
porque no me dio tiempo a vendello,
ya m’está sobrando,
ya m’está jediendo.

Embargal esi sacho de pico
y esas jocis clavás en el techo,
y esa segureja
y ese cacho e liendro...
¡Jerramientas que no quedi una!
¿Ya pa qué las quiero?
Si tuviá que ganalo pa ella,
¡cualisquiá me quitaba a mí eso!

Pero ya no quieo vel esi sacho,
ni esas jocis clavás en el techo,
ni esa segureja,
ni ese cacho e liendro...

¡Pero a vel, señol jues: cuidaíto
si alguno de esos
es osao de tocali a esa cama
ondi ella s’ha muerto.
La camina ondi yo la he querío
cuando dambos estábamos güenos;
la camita ondi yo la he cuidiau,
la camita ondi estuvo su cuerpo
cuatro mesis vivo
y una nochi muerto...

Señol jues: que nenguno sea osao
de tocali a esa cama ni un pelo
porque aquí lo jinco
delanti usté mesmo.

Lleváisoslo todu,
todu, menus eso,
qu’esas mantas tienin
suol de su cuerpo...
¡y me güelin, me güelin a ella
ca ves que las güelo!...
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1.- EN CUANTO A LA FORMA

1.1.- Métrica:

Poema de 46 versos (23 hexasílabos, 22 decasílabos y 1 dodecasílabo).

La distribución de los versos en la composición no se ajusta a ninguna norma estrófica preestablecida, sino que responde a las innegables cualidades melódicas del poeta, que emanan de su genial inspiración.

No obstante, resalta de manera notable, por ser único en todo el poema, el verso dodecasílabo “...sos tumbo a la puerta. ¡Pero ya s’ha muerto!...”. Ese verso rompe claramente el ritmo del poema, y así debió percibirlo el poeta, sin duda, cuando lo dio por concluido, aunque, como autor y propietario de su obra, lo diera por bueno. Y ante esto, nada que objetar.

Sin embargo, según mi criterio, esa escena había quedado perfectamente descrita y métricamente correcta con “...sos tumbo a la puerta...” (Hexasílabo). El añadido “...¡Pero ya s’ha muerto!...”, que convierte el verso en dodecasílabo, no parece tener más justificación que la de mantener la rima, aunque, a la sazón, sirva para justificar la resignación del protagonista y su pacífico comportamiento.

Y me atrevo a decir que es un añadido obligado por la rima, porque no creo que tenga ningún sentido, desde el punto de vista literario, que el autor nos revele de forma tan explícita, en el sexto verso del poema, esa circunstancia. Si leemos el poema omitiendo ese añadido, observamos como el autor nos va desvelando, sutil y progresivamente, el fallecimiento de su mujer con los versos: “...si venís antiayel a afligila...”, “...y en boticas que no le sirvieron...”, “...si tuviá que ganalo pa ella...”; hasta confirmarlo explícitamente más adelante en “...ondi ella s’ha muerto...” y “...y una nochi muerto...”.

Es pues, siempre desde la subjetividad de mi opinión, un elemento supletorio que no encaja en la forma, metódica y sugerente, con la que el poeta desarrolla el monólogo. Un añadido al verso (por imperativo de la rima) que no se ajusta a la métrica general del poema al introducir un verso dodecasílabo aislado. Todo ello, considerando que Gabriel y Galán fue siempre muy exigente, en lo que a métrica se refiere, en todas sus composiciones poéticas.

También considero importante observar el primer verso de la segunda estrofa. En él, el autor reitera el imperativo “embargal”. De no hacerlo, “...embargal los avíos...” sería un verso de siete sílabas (impar) y quedaría descuadrado en el conjunto del poema de forma aún más acusada que el verso comentado anteriormente. Sin embargo, en este caso, esa reiteración en imperativo, aunque bien pudiera ser otro añadido para alargar el verso hasta las diez sílabas, más bien aparenta fluir con la propia inspiración, en un poema donde las formas verbales en tiempo imperativo son, sin duda alguna, una de las claves fundamentales del éxito de esta composición, como ya veremos en otro apartado.


1.2.- Rima:

Es asonante en todo el poema en los versos pares (e-o).
Al igual que sucede en todas sus “Extremeñas”, en este poema se constata la arbitrariedad (bien por conveniencias de la rima, o por cuestiones estéticas, o bien por otros motivos que serían objeto de otros estudios) de Gabriel y Galán a la hora de cerrar en “u” final las palabras que, en castellano, terminan en “o”.

Sirvan como ejemplos estos dos versos: “...llevaisoslo todu, / todu menus eso...”



2.- EN CUANTO AL FONDO

En “El embargo”, Gabriel y Galán, con su genialidad indiscutible, pondera los valores intangibles del ser humano (la honradez en el trabajo, el amor, la caridad, el sacrificio...) en contraposición con el valor de los bienes materiales. Y con esos valores intangibles reviste al protagonista de una autoridad espiritual incuestionable, una fuerza moral arrolladora que le permite imperar, e incluso amenazar, a la personificación de la Ley, el Juez: “...si venís antiayel a afligila / sos tumbo a la puerta...”, “...si tuviá que ganalo pa ella / cualisquiá me quitaba a mí eso...”

Como ya he apuntado anteriormente, las formas verbales en imperativo utilizadas en el poema son una de las claves fundamentales para que esta obra haya mantenido su éxito vigente durante más de un siglo (y aún continuará): “pasi”, “entrin”, “no le de”, “embargal”, “nenguno sea osao”, “llevaisoslo”. Con estos imperativos en la voz del protagonista, Gabriel y Galán pone en sus manos la batuta de mando, en detrimento de la autoridad del Sr. Juez. Es el propio embargado quien dirige la acción del embargo. Y la dirige con descaro, traspasando incluso los límites de la insolencia: “...que nenguno sea osao / de tocali a esa cama ni un pelo / porque aquí lo jinco / delanti usté mesmo...”

El autor es consciente de que el lector se posicionará inmediatamente a favor de la víctima del embargo, y en contra de la Ley. Por ese motivo, hábilmente, mantiene al Juez en silencio, tolerante, respetuoso ante la adversidad del protagonista, pero firme ante el cumplimiento de su deber. Y, de esta forma, el poeta evita suscitar en el lector sentimiento alguno de rebeldía. Con ese silencio, la Ley respeta los sentimientos, pero, al mismo tiempo, exige reciprocidad en el respeto y obediencia debida, quedando abierto en la mente del lector el debate sobre las sensaciones de justicia o injusticia que provoca su cumplimiento.

En el transcurso del monólogo, el protagonista no se siente en ningún momento como una víctima dolida y humillada por el embargo. Se nos presenta como un hombre satisfecho por el deber cumplido. Un hombre que ha empeñando todos sus bienes materiales a la luz de una esperanza que inexorablemente se ha marchitado entre sus manos. Y es ahí, en la más absoluta miseria donde el autor sitúa al protagonista. Desolado por la muerte de su mujer, pero altivo e impenitente, convencido de su intachable comportamiento.

El autor, sabiamente, hace que el protagonista detalle, hasta en dos ocasiones, cuáles son los únicos bienes que posee y que han de ser objeto del embargo, sus herramientas de labranza, erigiéndolas en símbolos del trabajo sacrificado y honesto del campesino extremeño. La cama, sin embargo, la describe magistralmente como ese bien íntimo, casi espiritual, símbolo del amor inembargable, ese último nexo de unión que mantiene al protagonista en contacto con la persona amada, que, aunque ya ausente, sigue viva para él a través del aroma que pervive entre las mantas.

Y en ese símbolo del amor, en la cama, es donde también descarga el autor los sentimientos de ternura, caridad y resignación, mediante la utilización del diminutivo: “...la camita ondi yo la he querío...”, “...la camita ondi yo la he cuidiau...”, “...la camita ondi estuvo su cuerpo...”

El amor, la caridad y la ternura; el trabajo, el sacrificio, la pobreza y la honradez; la muerte y la desolación; la firmeza de la Ley y el eterno debate sobre su justicia y su injusticia; son algunos de los conceptos que José María Gabriel y Galán supo concentrar magistralmente en un estremecedor monólogo teatral de tan solo cuarenta y seis versos titulado “El embargo”.

Javier Feijóo
(Abril de 2005)
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