15/3/06

EL TORO BRAVO (...y sus jondos sentimientos)


I

Dende'l palco, el presidente
da licencia'l torilero
pa descorré los cerrojos
de la puerta de chiqueros.

Negro, bragao, astifino,
quinientos quilos de peso,
de jechuras recortás,
onjuto, recio, mu serio,
d'un jierro mu afamao
en el mundo del toreo.

Deslumbrao por el sol
se quea parao en los medios,
aonde la sombra se jace
media luna con el rueo;
aluego atiende al engaño
arrancando dende lejos
y la juerza de su casta
derrota en el burlaero.

Con el capote mordío
estudia'l toro el torero;
y el apoderao detrás
en vos baja da consejo:
 

-¡Sujétalo y ten cuidiao!
H'abio suerte'n el sorteo.
Tiés que trunfá en esta plaza.
¡Con arte! ¡Amos a veglo!

 
Los tres pases de recibo
en un palmo de terreno
y dos reondas verónicas
como abanicos abiertos
alevantan com'un muelle
al público del asiento.


II

Los timbales y clarines
tocan pa'l cambio de tercio;
caballos y picaores
jacen presencia en el rueo.

Las cuadrillas colocás,
mu pendientes del encuentro,
con el capote plegao
jacen d'estatua mu quietos;
y el diestro mu decidío,
de plata y oro su terno,
ciñéndose'n chicuelinas
arrima'l toro al jamelgo.

La puya espera'l embite
y le traspasa'l pellejo
cuando'l toro s'arremete
y s'empotra contra'l peto.
El caballo pierde manos
acusando'l forcejeo;
los monosabios detrás
y el picaó con su peso
jacen qu'el toro s'aparte
entrando al quite del diestro.

En los medios quea'l astao
frente por frente al torero;
se miran fijo a los ojos
veriguando'l pensamiento;
y el diestro, montera en mano,
pide ya el cambio de tercio;
el presidente lo niega
(es de primera este rueo).

Acatando la ordenanza
y cánones del toreo,
se güerve pa'l picaó
iciéndole dende lejos:

 -Corto puyazo’l segundo.
Quieo bregá con él entero.

 
El de varas jace caso
queando'l brazo mu suelto
y deja'l toro cebase
con el estribo y el peto
arrempujando al caballo
empotrao en el burlaero.


III

Suena el timbá y el clarín
pa un nuevo cambio de tercio;
y en las tablas se jatean
dos grandes banderilleros.

Con los dos palos en arto
ya está citando'l primero;
se lo lleva po la izquierda
ajorcándole'l rodeo,
le gana la cara'l toro
queando un par de maestro.

El segundo, frente a frente,
cita'l toro por derecho
y cuando lo tié delante,
jaciéndole un justo quiebro,
le pone un par de bandera
rozando'l pitón izquierdo.

En el pique sano y sabio
de maestros del toreo
güerve a citá en reondo
el otro banderillero;
y en la punta de la curva,
con el jocico en el pecho,
los sus dos pies en el aire
a dos cuartas del albero,
con las dos manos mu juntas
y encorsetao con los cuernos,
pone'l par d'arribabajo
porcima del toro fiero.

El respetable asombrao
güerve a brincá del asiento
con palmas echando jumo
aplaudiendo a los toreros.


IV

Los timbales y clarines
s'ascuchan entre'l jaleo;
muleta, estoque y montera
porta’l maestro a los medios
y en reondo brinda'l público
la faena'l toro negro.

En los tendíos de sol
lo reclama dende lejos,
revolando la muleta,
clavaos los pies en el suelo.

Cuando'l toro se l'arranca
el diestro se quea mu quieto
con el trapo al lao contrario
y el público sin aliento.

El toro se l'echa encima,
ya lo tié a metro y medio;
desplegando la muleta,
jaciéndole bulra'l mieo,
en l'arena jace un arco
con las juellas del mostrenco;
y p'afiná los trombones
remata’n pase de pecho.

Suenan oleses y palmas,
toa la plaza es un jaleo
al son d'alegres compases
d'un pasodoble torero.

El terno de plata y oro
da relumbres en los medios
bregando po la derecha
arrimao'l pitón al cuerpo;
el toro humilla, es noble,
y aprovecha qu'está fresco
pa jacé manoletinas
en homenaje a'quel genio.
 

-¡Es bravo, tié toavía juerza!
 -se ice p’adrento'l diestro-.

Y como mandan los cánones
cambia muleta’l lao izquierdo
templando los naturales
en el platillo del rueo;
se juega la taleguilla
con estampa de torero;
y arremata la faena
en largo pase de pecho
con la mirá’n el tendío
porcima del pelo negro.

Paso lento y porte erguío
se va en busca del acero;
en el arco de la sombra
el toro espera mu quieto
y aguant'a boca cerrá
los desplantes del maestro.

Tres trincherazos mu cortos
y un último de disprecio
quean al toro cuadrao
mirando fijo al torero.

Entre'l jaleo del público
baj'un manto de pañuelos
y el mataó con su pose
pidiendo perdón pa'l reo
consiguen del presidente
indulto pa'l toro güeno.

El murmullo en los tendíos
se va jaciendo silencio
y el diestro güerve a las tablas
pa qu'embuchen el acero.

Cuando jace'l simulacro,
frente aquellos ojos negros,
el mataó no adevina
sus más jondos sentimientos:


"M'has ganao la partía,
m'has humillao en el rueo
siendo más juerte que tú,
¡Enhoragüena, Torero!


Nací pa morí en la arena,
como mi padre y mi agüelo,
entr'encinas y arcornoques
en los campos extremeños,
¿Y me perdonas la via,
agora que no la quiero?
¡Mátame, no tengas pena!
¡Mátame sin titubeo!

¿No ves que no pueo gorvé,
manchao de sangre mi pelo,
con mi ergullo maltratao
jasta que muera de viejo?
¿Que no pueo consentí
que rodeao de cabestros
me lleven de sementá
a la jesa de mi pueblo
pa que güervas a humillá
a mis hijos en el rueo?
¡Mátame, no quieo'l perdón!
¡Mátame, te l'aconsejo! "


Desarmao frente al toro
jace la pose'l torero
pa'cariciá con la mano
su sayo de pelo negro;
y com'una cachicuerna,
en un embroque sangriento,
por bajo la taleguilla
se jundió'l pitón derecho.



V

Habiendo sío indultao,
en ves d'agradecimiento,
jué asina qu'el toro bravo
se vengó d'aquel torero
por habé sío humillao
 
sin dagle muerte'n el rueo.
Javier Feijóo
(Del mi libro: "¡Asina! Sentimientos en castuo"
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